Los mandamientos de Dios: ¿Bendición o maldición?

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Si eres adolescente o llegando a la edad adulta, quizás hayas llegado a comprender que te hace falta una guía, alguien o algo que te ayude a evitar las trampas que la vida nos tiende. Esa guía puede ser la Biblia y dentro de esta los diez mandamientos, así como las demás instrucciones dadas por Dios en su Palabra. Esto ha sido, para millares de personas, la guía que buscan.

Sin embargo, muchos quisieran alejarte de esas leyes, consagradas por el tiempo. Personas que se consideran cristianas pretenden decir que ya no hay que guardar los mandamientos de Dios, porque Jesucristo los guardó por nosotros. “¡Esos viejos mandamientos fueron clavados en la cruz!” dicen. Y peor aún, usan la propia Biblia para argumentar que el decálogo y otros elementos de la ley divina son nada menos que una maldición.

¡No te dejes engañar! Esas mentiras están entre las más grandes jamás inventadas, y la idea de que las leyes de Dios son una maldición la ha perpetrado el mismo Satanás, “padre de mentira” (Juan 8:44). No lo creas ni por un segundo. El diablo no quiere que te beneficies de las bendiciones que resultan al vivir por los mandamientos y leyes de la Biblia.

¿Existe acaso la tal maldición de la ley? Si es así, ¿cómo nos redimió Jesucristo de ella? Veamos juntos las pruebas.

Distorsión de un pasaje bíblico

El pasaje clave de la Biblia que sirve de base para aclarar este tema es Gálatas 3:13, que comienza así: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición”. Son palabras escritas por el apóstol Pablo. ¿Qué significan?

Primero, observemos que el versículo no dice que sea innecesario guardar las leyes espirituales de Dios. Pablo también escribió la carta a los Romanos, donde dice que “la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12). Escribió igualmente que “no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados” (Romanos 2:13). Pablo no se contradijo, sino que muchos tergiversan sus palabras (1 Pedro 3:14-16).

Segundo, el versículo no dice que si guardamos los mandamientos de Dios quedaremos bajo maldición. Las Escrituras demuestran todo lo contrario: que obedecer las leyes divinas trae bendición (ver Levítico 26:1-13 y Deuteronomio 28:1-14). El cumplimiento de las leyes espirituales de Dios trae como resultado una vida feliz, interesante y llena de satisfacciones. Lo que trae maldición no es guardar las leyes de Dios, ¡sino transgredirlas!

La consecuencia de vivir sin ley

Siendo así, ¿en qué consiste la “maldición de la ley” mencionada por Pablo en Gálatas 3:13? En pocas palabras, es la sentencia de muerte por desobedecer.

Romanos 6:23 dice claramente que “la paga del pecado es muerte”. El apóstol Santiago escribió que “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14-15). El pecado es iniquidad, maldad, transgresión de la ley espiritual de Dios (1 Juan 3:4). La Biblia nos dice muchas veces que nos arrepintamos de pecar, es decir, de transgredir los mandamientos de Dios; y comencemos a guardarlos. Este es uno de los primeros pasos para recibir el perdón y la salvación de Dios (Hechos 2:38). Si deseamos tener una relación estrecha con Dios, hay que obedecerle. Transgredir sus mandamientos, es decir, pecar, es algo que se interpone entre Dios y nosotros y nos impide tener una relación cercana (Isaías 59:2). Cambiar, dejando atrás el pecado y empezar a guardar las leyes que hemos quebrantado, es un paso importante para buscar su presencia y su guía en nuestra vida.

Los mandamientos de Dios definen el bien y el mal. La razón por la que vivimos rodeados de guerras, violencia, envidias, odios e injusticia es sencillamente que la humanidad se ha apropiado del derecho de decidir lo que está bien y lo que está mal. De hecho, muchos “a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo” y “hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz” (Isaías 5:20). ¡No repitamos su error!

Un rey sabio escribió: “Fíate del Eterno de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5-6). Este mismo rey, Salomón de Israel, resumió la vida en pocas palabras: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 12:13).

Bendiciones de la obediencia

El claro significado de Gálatas 3:13 es que Jesucristo permitió que la maldición de una humanidad desobediente cayera, no sobre nosotros, sino sobre Él (Isaías 53:6). Esto lo vemos reflejado en la segunda mitad del versículo: “porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero”. El apóstol Pablo hace referencia aquí a la afirmación de Dios en el Antiguo Testamento de que todo ejecutado en Israel y colgado de un árbol es “maldito por Dios” (Deuteronomio 21:22-23). Al permitir que la humanidad llena de pecado lo crucificara, Jesucristo, que no tenía pecado, tomó sobre sí la “maldición de la ley”: la pena de muerte en que nosotros incurrimos por desobedecer a Dios y transgredir sus mandamientos. ¡Jesús pagó esa pena en lugar nuestro! El apóstol Pedro, refiriéndose a Jesucristo, dijo: “quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia” (1 Pedro 2:24).

¡Nuestro adversario, el diablo, no quiere que tú ni tu familia reciban las preciosas y abundantes bendiciones que llegan a quien obedece los mandamientos de Dios! El rey David amaba la ley de Dios (Salmos 119:97) y dijo: “Deseables son [los juicios de Dios] más que el oro … En guardarlos hay grande galardón” (Salmos 19:10-11). La obediencia a Dios trae no solo bendiciones físicas, sino también espirituales. Como bien lo señala Salmos 111:10: “Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos”. Si deseamos comprender cada vez más, debemos guardar los mandamientos. Además: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Salmos 119:165). Quien guarda los diez mandamientos anda con la conciencia limpia y en paz. ¿Acaso no deseamos todos una conciencia limpia y paz mental?

Dios nos da la opción entre “la vida y la muerte, la bendición y la maldición” y nos dice: “Escoge, pues, la vida” (Deuteronomio 30:19). Al final, nuestro Padre dará vida eterna a quienes demuestren su dedicación a los mandamientos y que acepten el sacrificio de Jesucristo como la paga por sus pecados. Aunque la vida eterna no es algo que pueda ganarse, sino un regalo de Dios (Romanos 6:23; Efesios 2:8-9), tampoco Dios concederá vida eterna al pecador rebelde (1 Juan 3:4-9). ¡Dios no dotará de inmortalidad a alguien que siga los caminos de Satanás!

La ley de Dios es amor, ¡no es una maldición!

Leyendo las Escrituras con honradez, encontramos que Jesucristo no vino a poner fin a la ley de Dios (Mateo 5:17-19). Al contario, guardó los mandamientos de Dios (Juan 15:10) y ordenó que los demás también lo hiciéramos (Mateo 19:16-19; 28:19-20). ¡Esto te incluye a ti para que emprendas el viaje en busca del buen camino en esta vida!

Jesús demostró que los diez mandamientos (Éxodo 20:1-17) nos enseñan cómo vivir y cómo expresar realmente el amor. La ley que Santiago llamó “la perfecta ley, la de la libertad” (Santiago 1:25) es, de hecho, una ley de amor y expresión de la esencia de la naturaleza y el carácter de Dios: “Dios es amor” (1 Juan 4:16), y ser más como Dios implica, esencialmente, estar en disposición y empeñados en guardar su ley perfecta.

Como joven que estás comenzando tu viaje por la vida, tienes la oportunidad de comenzar bien. La ley espiritual de Dios, resumida en los diez mandamientos, es firme y permanente. No te dejes engañar y pienses que la ley divina es una maldición que te sobrevendrá si la guardas. Agradece, al contrario, que tu Creador te ha dado leyes para guiar tu vida, leyes que, si se obedecen, ¡traerán las más grandes bendiciones! [MM