¡Cómo matar gigantes!

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En casi todos los aspectos de la vida hallaremos problemas en la familia, los estudios, el dinero, la carrera, las relaciones. Cuanto más tiempo vivamos, más problemas se presentarán. Saber manejar los problemas en la vida es algo absolutamente esencial para nuestra salud y felicidad, nuestra tranquilidad y nuestro bienestar espiritual.

La mayoría de las dificultades que surgen son pequeños inconvenientes en la rutina diaria. Otros son más complicados y causan más pena y sufrimiento. Y también están los realmente grandes, problemas tan inmensos que se levantan sobre nosotros como gigantes ¡amenazando con destruirnos! Estos problemas pueden ser muy inquietantes, como que nos aplastarían si nos dejamos caer bajo su peso.

¿Y tú? ¿Sientes que tus dificultades se están haciendo inmanejables? ¿Te has cansado de luchar? ¿Quisieras poder escapar de tus problemas? Si es así, ¡no te desanimes! ¡Hay forma de matar a los gigantes!

El apóstol Pablo expresa muy bien la actitud que necesitamos para conquistar nuestros peores problemas. Bajo inspiración escribió que “estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:8-9).

Hay dos maneras de afrontar gigantes: correr hacia ellos o huir corriendo de ellos. Podemos huir con miedo o podemos enfrentar nuestros problemas con fe. La Biblia trae ejemplos de personas que hicieron lo uno o lo otro y que recibieron las consecuencias. ¡La Palabra de Dios nos muestra las claves del éxito y del fracaso!

Fracaso garantizado

Primero, veamos una manera de afrontar los problemas que nunca funciona. En Números 13 y 14 tenemos el ejemplo de unas personas despachadas a Canaán para espiar la tierra. Dios sacó a los israelitas de Egipto y los tenía a las puertas de la Tierra Prometida. En este punto, le habló a Moisés diciéndole que enviara espías a investigar la tierra que le entregaría a Israel (Números 13:1-2). Regresaron 40 días después (v. 25). En su informe reconocieron que Canaán era todo lo que Dios había prometido: un lugar donde fluían leche y miel (Números 13:23-27). Pero al mismo tiempo, había un inconveniente grande: ellos perdieron de vista las promesas de Dios y se concentraron en las limitaciones físicas y las debilidades humanas. Dijeron lamentándose que los habitantes de Canaán eran fuertes, con ciudades grandes y fortificadas (v. 28). Y, cuanto más lo pensaban, ¡más y más parecían crecer estos problemas! Finalmente, terminaron su deprimente informe diciendo: “La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes… y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas…” (vs. 32-33). Para ellos, ¡era un caso perdido! Según la conclusión a la que llegaron, lo que Dios había prometido era imposible: “Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche” (Números 14:1). De los doce espías enviados a investigar la tierra, solo Caleb y Josué insistieron sin miedo en que Dios sí les daría la victoria.

No debemos cometer el error de los israelitas, dejándonos aplastar por la presión de nuestros problemas. Es posible que el enemigo sea más grande y más fuerte que nosotros, pero jamás olvidemos que Dios es quien nos salva. Los israelitas limitaban a Dios al asumir una actitud negativa, cobarde y sin fe delante de sus “gigantes”.

Hay otra manera de hacer frente a los gigantes, y es la que puede derrotar hasta los problemas más graves que tengamos.

Cómo derribar al enemigo

En algún momento de tu vida, probablemente habrás oído o leído la historia de David y Goliat. Aunque parezca increíble, David era un simple adolescente cuando Dios lo utilizó para hacer lo que parecía imposible. ¡Lo utilizó para matar literalmente a un gigante! ¿Cuáles fueron las claves de su éxito y cómo puedes usar las mismas claves para derrotar a tus gigantes? Veamos cómo lo hizo David.

Al leer la historia, no vemos a un David temblando de miedo delante del monstruoso enemigo. Humanamente hablando, David no era competencia para el gigante que tenía al frente. Goliat medía casi tres metros de estatura (1 Samuel 17:4-7). Solamente su cota de malla pesaba 56 kilos. Su lanza era como un rodillo de telar ¡con una punta que pesaba como siete kilos y medio! ¡Goliat era una masa enorme de músculos y odio! Había sido guerrero desde su juventud (v. 33). En cambio, David todavía era joven… y además, pastor. Si David hubiera mirado solo al colosal adversario físico que se le enfrentaba, jamás se habría sentido tan confiado y tranquilo.

La mentalidad firme de David delante del gigante es la que nosotros debemos tener frente a los grandes asuntos. David sabía muy bien quién iba a salvarlo y reafirmó esta verdad en uno de sus Salmos: “El Eterno es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Eterno es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmos 27:1). Dios lo había acompañado y lo había sacado de situaciones igualmente peligrosas (1 Samuel 17:34-37) y David sabía que también lo sacaría de esta. Sabía que la manera de resolver el problema de Goliat era afrontarlo. El gigante tenía que desaparecer. Alguien tenía que tener el valor de luchar contra este filisteo que se oponía a los ejércitos del Dios viviente.

Nosotros podemos tener la misma confianza y tranquilidad, incluso cuando la vida nos presenta los más formidables desafíos (2 Timoteo 1:7). Dios desea que aprendamos a poner nuestra confianza en Él. En momentos de necesidad, debemos aprender a esperar en Dios con paciencia y fe (Salmos 27:14).

Otra clave para el éxito es la preparación. David se preparó para el encuentro. Era experto en el manejo de la honda, y aun así escogió no una sola piedra, sino cinco. Las otras cuatro podían ser para Goliat o para otros que se le enfrentarían después, pero en cualquier caso, estaba preparado ¡y las circunstancias siempre favorecen al que está preparado! Entonces, ¿cómo nos podemos preparar nosotros para la guerra espiritual? Lee Efesios 6:10-17, donde se presenta la armadura espiritual que debemos tener lista cuando vamos a la guerra.

Hay otra clave para convertirse en matagigantes. David hizo su parte. Cuando se nos presentan dificultades y pruebas, ¡Dios exige que hagamos nuestra parte con diligencia! David tenía su parte en esta historia: Actuar con fe. Santiago 2:17 advierte que “la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”. Y Santiago 1:22 nos dice que seamos “hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores”. ¡David literalmente corrió a hacer batalla! Colocó una piedra en su honda, se lanzó hacia Goliat y la mandó con toda su fuerza. La piedra dio en el blanco ¡y el gigante cayó en tierra cuan grande era! (1 Samuel 17:47-49). ¿Somos nosotros personas de acción? ¿Afrontamos los problemas directamente? Aplazar las cosas, dejarlas para más tarde, es fácil. A veces la gente hace de cuenta que sus problemas no existen o pretende huir de ellos. Esta mentalidad nunca funciona. La verdad es que nuestros problemas no van a desaparecer. Muchas veces van creciendo y creciendo… hasta que los resolvamos. Es importante crear el hábito de matar a los gigantes que se nos presenten en vez de salir corriendo.

David resultó victorioso. Pudo derrotar al gigante porque siguió estos principios básicos. David hacía frente a sus problemas con una actitud llena de fe y sin temor. Sabía que si Dios estaba de su parte, ni siquiera un verdadero gigante podría ganarle. David también se preparó para la batalla. Llevaba años perfeccionando las habilidades que Dios le había dado y se preparó con inteligencia para la batalla, armándose de cinco buenas piedras. Por último, hizo lo que debía hacer. David actuó, haciendo lo que era necesario para ponerle fin al problema.

No existe problema, ni grande ni pequeño, con el cual Dios no nos ayudará si se lo pedimos. Está más que dispuesto y deseoso de salvarnos. ¡Que Dios te ayude a matar a los gigantes en tu vida! [MM]

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