No pierdas de vista tus metas

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En julio de 1952, Florence Chadwick ya era una famosa nadadora de largas distancias. Unos dos años antes había cruzado el canal de la Mancha, nadando de Francia a Inglaterra. Menos de un año después, cumplió la misma hazaña en dirección contraria. ¡Nadie la acusaría de abandonar un proyecto antes de terminarlo!


Sin embargo, aquel mes de julio sí lo abandonó.

Florence se proponía ser la primera mujer que nadaba de isla Catalina a Palos Verdes en la costa de California. La acompañaban lanchas de apoyo armadas con rifles para alejar a los tiburones. El agua estaba helada y encima había una capa densa de niebla que no dejaba ver la costa.

Al cabo de 15 horas de esfuerzos agotadores, Florence comenzó a pedir que la sacaran del agua, dudando de que pudiera resistir. Sus acompañantes la animaron a continuar, diciendo que estaba cerca de su meta. Siguió nadando otra hora, pero finalmente decidió abandonar el intento y la subieron a una de las lanchas.

Cuando se dispusieron llevarla al otro lado, se dieron cuenta de la realidad: Después de nadar más de 30 kilómetros, había abandonado el esfuerzo cuando le faltaban menos de 95 metros. ¿Por qué desistió estando tan cerca de la meta? Según varias fuentes, declaró que un factor fue decisivo: No podía divisar la costa entre la niebla espesa. Incapaz de ver su meta, se dio por vencida antes de alcanzarla.

Dos meses más tarde Florence volvió a intentar la travesía, entre una niebla tan densa como antes. Esta vez llegó, ¡batiendo la marca mundial anterior en dos horas! Aunque la niebla que le impidió ver la primera vez también estaba allí la segunda vez, y era igualmente densa, ella se benefició de una perspectiva nueva: Solo porque no la ves con tus ojos, no quiere decir que no puedas verla en tu mente. Al otro lado de la niebla estaba la costa.

Visualiza tus metas

Este incidente nos enseña una lección simple pero importante en la vida: Si pretendemos alcanzar las metas que nos hemos fijado, tenemos que mantener una clara decisión mental. No podemos permitir que nada obstaculice la vista hacia nuestra meta, ¡y tenemos que visualizar el éxito final!

¿Qué metas te has fijado? ¿Son firmes tus planes, y es fuerte tu deseo de alcanzarlas? ¿Qué precio estás en disposición de pagar para hacerlas realidad? ¿Puedes mirar hacia adelante, al futuro, y ver la victoria?

Los más grandes deportistas, artistas, músicos y demás hombres y mujeres que se destacan en sus respectivos campos han tenido momentos de adversidad y han chocado con obstáculos en su camino hacia el éxito, y sin embargo, alcanzaron sus sueños porque siguieron estos principios básicos.

Los héroes de la fe citados en la Biblia también entendían la importancia de mantener decisiones claras. Mentalmente se proyectaban al futuro. Visualizaban su llegada al Reino de Dios y luego se dedicaban a alcanzar esa meta. También creían con absoluta certeza que para Dios todas las cosas son posibles (Mateo 19:26), y estaban dispuestos a hacer grandes sacrificios para entrar en el Reino. No dejaban que nada les disuadiera de cumplir lo que se habían propuesto. Por ejemplo, Abraham, Sara, Isaac y Jacob murieron antes de entrar en posesión de la tierra que Dios había prometido darles. Tampoco recibieron las promesas del pacto en su vida mortal. A pesar de todo, con su fe intacta y la meta de recibir esas promesas en la resurrección, visualizadas con claridad en su mente, persistieron fielmente hasta el fin de su vida. Entendían que esta vida es transitoria. Eran vencedores. Aunque pasaron por muchas tribulaciones y dificultades, se aferraron a la seguridad de que tendrían una herencia eterna cuando llegara el momento de la resurrección (Hebreos 11:13-16). Dios perfeccionó su carácter a medida que se dejaban guiar por Él, y la carta a los Hebreos nos muestra que Dios estaba satisfecho por su obediencia.

¡A esta costa vale la pena llegar!

¡Nuestra principal meta espiritual debe ser formar parte de la Familia de Dios y entrar en su futuro Reino! Jesucristo nos instruye así en Mateo 6:33: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas”. Porque la verdad más profunda que Dios ha revelado en las Escrituras es que su propósito es convertirnos en hijos suyos como miembros de su propia Familia (Romanos 8:17; 1 Juan 3:2; Apocalipsis 21:7). ¿Sabías eso? La Biblia es testigo de una verdad increíble: que Dios creó al hombre para perfeccionar nuestro carácter por el poder del Espíritu Santo y luego darnos inmortalidad y gloria como las de Jesucristo, haciéndonos nada menos que sus propios hijos.

Pronto Jesucristo regresará del Cielo para establecer el Reino de Dios en la Tierra, para glorificar a los santos y para gobernar todas las naciones durante mil años (Apocalipsis 5:10; Apocalipsis 20:4-6). Durante esos mil años, todo el mundo recibirá la verdad y se ofrecerá la salvación a quienes nunca antes tuvieron esa oportunidad (Isaías 2:2-4).

Todos los seres humanos que viven o que hayan vivido tendrán la oportunidad de salvación (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). La salvación no se está ofreciendo solamente ahora: quienes murieron sin salvarse no se han perdido. Habrá una resurrección en la cual tendrán la oportunidad de ser salvos. Esta doctrina fundamental, que nos llena de ánimo, es algo que las religiones convencionales del mundo no entienden ni enseñan, ¡pero está en la Biblia! Ver la llegada de ese día es una meta que vale muchos esfuerzos. Buscar el Reino de Dios y su justicia debe ocupar el primer lugar en nuestra mente y corazón, debe ser algo que visualizamos mentalmente como una costa al otro lado de la niebla.

Toma lápiz y papel y escribe algunas metas. Incluye metas relacionadas con tu educación, el trabajo, la salud, la familia, metas físicas y espirituales; y todas las demás que se te vengan a la mente. Guarda esta hoja y consúltala con frecuencia. Te servirá para recordar lo que te queda por cumplir y te dará ánimo al mostrarte lo que ya has cumplido. Marca las cosas en la lista a medida que las completes y no dejes de agregar cosas nuevas cuando te vengan a la mente.

Muchas personas andan por la vida sin rumbo ni destino, y logran muy poco. Donde no hay metas no hay grandes éxitos. Las metas señalan la dirección que necesitamos para dirigir nuestras energías en lo que tenemos por delante. Y si pretendemos alcanzar lo que nos hemos propuesto, tenemos que poder “ver” la realización de esas metas con nuestra fe intacta, y tenemos que actuar para que las cosas se hagan realidad. Son increíbles los logros alcanzados por personas que fueron capaces de visualizar lo que deseaban y que estaban dispuestas a trabajar duro para alcanzarlo. No dejes que algo te impida cumplir lo que te propones hacer… ni el frío, ni la fatiga, ¡ni siquiera la niebla! [MM]

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