¡Busca la sabiduría!

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El rey Salomón, el hombre más sabio que ha existido, da comienzo a los Proverbios explicando el objeto de ese libro: "Para entender sabiduría y doctrina, para conocer razones prudentes, para recibir el consejo de prudencia, justicia, juicio y equidad" (Proverbios 1:2-3).


En el segundo capítulo nos exhorta a que busquemos la sabiduría, ¡que la persigamos!"Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor del Eterno, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque el Eterno da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia" (Proverbios 2:1-6). Resalta este punto con un ruego ferviente de que busquemos sabiduría ¡a cualquier costo! "Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia" (Proverbios 4:7). Salomón entendía que esta adquisición era algo de primordial importancia.

La verdadera riqueza

Enseguida, el sabio rey explica por qué debemos buscar este don precioso con suma diligencia: "Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia; porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra" (Proverbios 3:13-16).

Pocas personas han alcanzado sabiduría y también riquezas. Salomón tuvo ambas y sabía que entre ellas la más preciosa era la sabiduría. "El temor del Eterno es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia", señala en Proverbios 9:10. El temor de Dios es el componente fundamental de la sabiduría. El conocimiento vale poco si no hay temor y respeto por Dios para ponerlo todo en perspectiva. La humanidad sin el Espíritu de Dios carece del entendimiento espiritual y la sabiduría que le permitan resolver los problemas que ahora amenazan arruinarla. Sabiduría se refiere a una capacidad, o una capacidad aplicada. Abarca cada aspecto de nuestra vida e implica un cambio de comportamiento y el compromiso de vivir conforme a los valores bíblicos. ¡Los sabios tienen las soluciones aun para los problemas más grandes de la humanidad! Las soluciones a los obstáculos que impiden la paz y prosperidad en el mundo se encuentran en la aplicación de la Palabra de Dios.

Una petición concedida

Siendo un rey joven, Salomón sentía que le faltaban sabiduría y experiencia. Cierta noche, estando en Gabaón, el Eterno se le apareció en sueños y le dijo: "Pide lo que quieras que yo te dé". Con toda humildad, Salomón respondió: "Tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud. Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?" (1 Reyes 3:5-9).

Dios respondió con creces a la petición del rey, dándole no solo un corazón entendido, sino también sabiduría para manejar hábilmente los asuntos difíciles de la vida. "Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto. Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oír juicio, he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú. Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días" (1 Reyes 3:10-13). ¡Las capacidades que Dios le concedió a Salomón eran excepcionales! El joven rey comprendía que la sabiduría valía más que riqueza y honra. Sabía que necesitaba sabiduría conforme a Dios para dirigir y servir bien al pueblo de Dios.

Pídale a Dios

¿Le hemos pedido a Dios que nos dote de sabiduría? ¡Debemos hacerlo! También el Nuevo Testamento habla del valor de la sabiduría. En el primer capítulo de Santiago leemos: "Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada" (Santiago 1:5). À menudo no recibimos las cosas que deseamos, sencillamente por no pedir. Otras veces, Dios no concede lo que pedimos, sea porque pedimos lo que no debemos, o porque lo pedimos con motivaciones erradas. Santiago escribe: "Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites" (Santiago 4:2-3). Todos debemos pedir sabiduría para servir mejor a los demás.

Estudio y meditación

Además, no debemos descuidar el estudio y la meditación en la Palabra de Dios. Es una de las mejores inversiones que podemos hacer. En su segunda epístola a Timoteo, el apóstol Pablo resalta este punto, diciendo: "Persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús" (2 Timoteo 3:14-15). Pablo señala un eslabón directo entre el conocimiento de las Escrituras y la sabiduría. La Palabra de Dios nos indica cómo Él nos da ejemplos sobre cómo aplicar los principios espirituales básicos que rigen a la humanidad. Por eso escribió el salmista: "¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos" (Salmos 119:97-100).

No dejes de estudiar y meditar en la Palabra de Dios, y no dejes de pedirle a Dios, en ferviente oración, que te conceda sabiduría: "Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella" (Proverbios 8:11). La sabiduría es necesaria para ser un líder conforme a Dios ¡ahora y en el futuro!

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