¿Para qué es la inmensidad del universo?

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Hace unos años, algunos de mis amigos y yo discutíamos la inmensidad del universo y las maravillas que se encuentran en él. Al cabo del rato, uno de ellos preguntó con asombro: ¿Y para qué es todo eso?”

El ser humano estima que hay hasta dos billones de galaxias en el universo, que se puede observar. Si en promedio cada una de esas galaxias tiene 40 mil millones de estrellas, como la Galaxia del Triángulo, eso significa que puede haber aproximadamente 80 billones de millones de estrellas, con quizás una infinita variedad de planetas. ¿Y cuál es el propósito de todo esto? Aparte de la revelación de Dios, ¿cómo podríamos responder a esa pregunta?

Los futuristas y los autores de ciencia ficción pueden responder: "El universo se convertirá en lo que hagamos de él". Sin embargo, somos mortales, finitos, frágiles, sujetos a las leyes de la física, incluyendo las leyes que gobiernan la propulsión en el espacio y viviendo en un universo de tamaño inimaginable. Incluso si pudiéramos viajar a 1.000 veces la velocidad de la luz, nos llevaría 1,6 días llegar a Rigel Kentaurus (Alpha Centauri), el sistema estelar más cercano. A la misma velocidad, se necesitarían por lo menos 100 años para cruzar nuestra Galaxia de la Vía Láctea, unos 2.500 años para llegar a la "cercana" Galaxia de Andrómeda, casi 47 millones de años para alcanzar el borde del universo observable.

Claramente, ¡el universo no es para el hombre en el estado en que se encuentra ahora mismo! Sin embargo, no podemos evitar mirar hacia arriba y preguntarnos, "¿Para qué es todo eso?" Es una pregunta natural. Toda la evidencia física que tenemos nos dice que el universo no ha existido siempre, y que no pudo haberse creado a sí mismo. Esto implica que el universo tuvo un Creador, y si fue creado, debe tener un propósito. Podemos optar por no creer esto, pero es ahí a donde la evidencia conduce a una prueba natural, y negar esa evidencia tiene consecuencias en nuestra vida cotidiana (ver Romanos 1:18-32, Salmos 14 y 53). Es mucho más sencillo creer que el universo no nos está "mintiendo", que podemos aceptar el testimonio del Creador en sentido literal.

Pero si podemos admitir que "en el principio Dios creó los cielos y la tierra" (Génesis 1:1), ¿podemos humildemente admitir también que "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman." (1 Corintios 2:9)? Estas "cosas" son reveladas por el Espíritu de Dios (versículo 10), y a través de la Biblia. Entre estas cosas están la vida eterna (Juan 3:16), los cuerpos espirituales gloriosos tales como el que Jesucristo posee (Filipenses 3:20-21, 1 Corintios 15:35, 42-49), la capacidad de viajar a cualquier lugar instantáneamente como lo puede hacer Jesucristo (ver Juan 20:11-17 y Mateo 28: 5-10), gobernar sobre "todas las cosas" (Romanos 8:32, Apocalipsis 21:7), y una tierra renovada como la capital de una creación renovada (Apocalipsis 21:1-5).

Todas las cosas, todas las galaxias, las estrellas y los planetas, y todo lo demás, fueron creadas por, a través de y para Jesucristo (Colosenses 1:16, Hebreos 2: 9-10). Pero la intención de Dios el Padre es que los seres humanos, cuando estén listos, gobiernen "todas las cosas" con Jesucristo (Hebreos 2:5-8). Habrá "algo para todos" entre los hijos engendrados por el Espíritu de Dios, su creación física ¡y sólo Dios sabe lo que hay más allá de todo eso!

El propósito de Dios para el universo, y para nosotros si nos sometemos a Él, trasciende mucho más allá de las ideas expuestas por las religiones, las mitologías y las obras de ficción especulativas del hombre mortal. Nuestros folletos gratuitos El maravilloso mundo de mañana: ¿Cómo será?  y El misterio del destino humano, muestran cómo Dios cumplirá su propósito al haber creado la tierra y después de eso, ¡la creación del universo!