Por sus frutos los conoceréis

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Estas palabras de Jesucristo son famosas: “Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:20). ¿Sus frutos? ¿Cuáles frutos? ¿A qué se refería?


Nuestros frutos son nuestras acciones: lo que hacemos y los resultados de nuestras decisiones. Hace mucho tiempo, el sabio rey Salomón escribió: “Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta” (Proverbios 20:11).

¿En qué condición te encuentras? ¿Qué muestras a los demás si por tus frutos te conocerán? ¿Cuáles son los frutos en tu vida hasta ahora?

En realidad, los frutos vienen a ser acciones. Podemos tener muy buenas intenciones de llevar una vida mejor; tal vez orar con más regularidad, estudiar la Biblia, manifestar más bondad hacia los demás o esforzarnos por edificar a otros. Si nunca pasamos de las intenciones, estaremos mal. Es como el programa de dieta y ejercicios que alguien siempre va a comenzar… ¡mañana! Solo que mañana nunca llega. Y como resultado, no se produce ningún fruto. No se desarrolla carácter.

Carácter y probabilidad

Ahora bien, si ya has comenzado a poner en práctica algunas de tus buenas intenciones, y si esas intenciones están en sintonía con la Biblia, entonces has comenzado a desarrollar buenos frutos. Si has sido diligente en los cambios positivos que te propusiste, probablemente seguirás dando buenos frutos mañana y el día siguiente y el siguiente. Cuanto más tiempo dures haciendo lo correcto, más probable será que continúes y más serán los buenos frutos que des. Estarás adquiriendo buenos hábitos. Si este es el caso en tu vida, Dios sabe que mañana probablemente también te encontrará obedeciéndole. Estarás dando buenos frutos y desarrollando el carácter de Dios, lo cual no solamente te conviene personalmente, sino que agradarás a tu Creador.

Naturalmente, tienes libertad y la capacidad de elegir. Todos podemos desviarnos del camino y caer de nuevo en la ruta equivocada. Algunos han desistido después de llevar una vida cristiana durante años. El apóstol Pablo estaba muy consciente de esta posibilidad cuando escribió: “Golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:27).

Abraham es un buen ejemplo de un verdadero siervo del cual se podía esperar su voluntad de obedecer a Dios, sin importar lo que Él le pidiera. Aun cuando Dios lo probó mandándole que ofreciera a su hijo Isaac en sacrificio, ¡Abraham obedeció! Cuando levantaba la mano para dar muerte a su hijo, Dios intervino, diciendo “No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único” (Génesis 22:12). En otros momentos de la vida Abraham había fallado delante de Dios, pero se había superado y había vencido, y ahora era conocido por sus obras, es decir, por sus frutos. Dios dice en la Biblia que Él bendijo a Abraham y sus descendientes “por cuanto oyó Abraham mi voz y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes” (Génesis 26:5).

Hazte conocer de Dios

Todos debemos llegar a conocer a Dios, pero también es cierto que Él debe llegar a conocernos a nosotros. Dios busca personas que no cedan ante la presión negativa de sus conocidos. Busca personas que vivan conforme a sus leyes y que estén dispuestas a nadar contra la corriente cuando sea necesario. Reconozcamos la verdad: en el mundo actual, los jóvenes que quieren vivir conforme a las instrucciones de Dios pueden sufrir muchas pruebas. A veces la presión para que actúen conforme a las normas del mundo es inmensa; especialmente en lo relacionado con el aspecto personal, el modo de vestir, el uso de drogas y la sexualidad. ¿Transiges en estas cosas? ¿O mantienes altas normas de conducta? Quizá tus conocidos te aíslen o te rechacen, pero tu modo de actuar en estas situaciones es importante para Dios.

Cuando el joven judío Daniel se encontró cautivo en Babilonia, era apenas un adolescente. Cuando se vio presionado para que transigiera en su cumplimiento de las leyes de Dios, él y sus tres amigos: Ananías, Misael y Azarías se resistieron. Estaban resueltos a “no contaminarse con la porción de la comida del rey” (Daniel 1:8). Y cuando les ordenaron a los tres amigos que se inclinaran delante de un ídolo, y si no lo hacían los matarían, se negaron a desobedecer el mandamiento de Dios (Éxodo 20:4-6) aun sabiendo que podía significar su muerte (Daniel 3:16-18). Arriesgando su vida, se negaron a comprometer sus convicciones. Como resultado de estas y otras acciones, ganaron más favor con Dios y con el hombre ¡y ascendieron a cargos de liderazgo en el Imperio de Babilonia!

Si al leer esta revista buscas saber lo que Dios tiene para ti según la Biblia, ¡probablemente ya has comenzado a aprender mucho! Este conocimiento trae también responsabilidades. Eres responsable por lo que sabes. Por ejemplo, en la carta de Santiago nos dice que “al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17). Dios te dice además: “A los Cielos y a la Tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19).

Una base personal para tu futuro

Tú no tendrás oportunidades en el mundo de mañana por el modo como vivieron tus padres ni por la calidad del carácter de tus amigos. Tú mismo tendrás que aprender a tomar decisiones correctas por tu cuenta. Tendrás que “[ocuparte] en [tu] salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12). Nadie más, sino tú, tiene que colaborar con Jesucristo en esa salvación. Nadie más puede hacerlo por ti.

La siguiente es una cita atribuida a Henry Ford, fundador de la fábrica de automóviles Ford: “Nadie logra una reputación por lo que va a hacer”. Es un hecho. Si pretendes tener éxito en cualquier aspecto de la vida, tienes que actuar de modo apropiado con los conocimientos que tienes. Lo mismo se aplica en lo espiritual: para producir fruto espiritual en la vida, tienes que actuar. Jesús dio esta advertencia para los que deseaban ser parte de su futuro Reino eterno: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos” (Mateo 7:21). ¿Te das cuenta de lo que dice este versículo? Dice que se requiere acción. Hay algo que tú debes hacer.

Este es el momento de comenzar a formar buenos hábitos y de vivir por las leyes de Dios. Hoy es el momento de comenzar a hacer cambios positivos en tu vida allí donde sean necesarios. No lo dejes para mañana. Procura superar cada prueba que se presente cuando se presenta, sin aplazar las cosas difíciles para más tarde. Procura ser una persona con altas probabilidades de hacer lo correcto, una persona con la que Dios puede contar. “No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto” (Lucas 6:43-44). 

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